¿Qué es el SIBO?

Descubre sus causas, síntomas y tratamientos

Un intestino saludable alberga microorganismos diversos cuya composición cambia según la edad, el entorno y factores como el uso de antibióticos. Alrededor de los tres años, la microbiota intestinal alcanza una estructura similar a la de los adultos, favoreciendo la digestión eficiente, la reducción de la inflamación y un sistema inmunológico fuerte. Sin embargo, factores como la dieta, el estrés o ciertos medicamentos pueden alterarla. 

El sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado (SIBO) es una condición que afecta la salud digestiva, interfiriendo en la absorción de nutrientes y deteriorando la calidad de vida si no se trata adecuadamente. Este artículo explora en detalle el SIBO, sus causas, síntomas y los tratamientos más eficaces.

Tabla de contenidos

¿Qué es el SIBO y qué síntomas tiene?

El SIBO ocurre cuando hay demasiadas bacterias en el intestino delgado, un lugar donde normalmente debe haber pocas. Estas bacterias, que suelen ser en su mayoría inofensivas, se encuentran en cantidades mucho mayores de lo habitual. Además, no solo aumenta su número, sino que también cambia el tipo de bacterias, predominando algunas que no deberían estar ahí, como las que no necesitan oxígeno para vivir (anaerobias) o las que tienen características específicas que las hacen diferentes a las bacterias típicas de esa zona.

Subtipos de SIBO

El SIBO se clasifica en tres subtipos según los gases predominantes2:

  • SIBO de hidrógeno dominante (H+): se asocia con mayor producción de hidrógeno y puede indicar menor tolerancia a las grasas​.
  • SIBO de metano dominante (M+): se relaciona con el estreñimiento y menor ingesta de fibra​.
  • SIBO de hidrógeno/metano (H+/M+): una combinación que puede provocar síntomas mixtos y afectar la absorción de vitaminas​.

Síntomas característicos

Entre los síntomas más comunes del SIBO se encuentran:

  • Dolor abdominal y distensión
  • Náuseas
  • Gas y flatulencias
  • Diarrea o estreñimiento

 

Estas manifestaciones reflejan desequilibrios en las bacterias intestinales que afectan la absorción de nutrientes, causando deficiencias de vitaminas (A, D, E, B12) y minerales como el hierro1.

Este síndrome tiene un espectro clínico amplio y puede enmascarar o agravar otras condiciones, como la enfermedad celíaca o el síndrome de intestino irritable (SII), además de ser más frecuente en trastornos extraintestinales como la esclerodermia y la obesidad. Aunque hasta el 80% de quienes padecen SII también tienen SIBO, su diagnóstico es difícil debido a la inespecificidad de los síntomas y la limitada precisión de las pruebas disponibles. Los desequilibrios bacterianos asociados al SIBO pueden generar complicaciones adicionales, como infecciones postquirúrgicas (Enterococcus faecalis), diarrea infecciosa (Escherichia coli) o colitis (Bacteroides), lo que añade complejidad al diagnóstico y manejo de la enfermedad3.

síntomas SIBO

Causas comunes del SIBO

El equilibrio de la flora en el intestino delgado es delicado y se sostiene gracias a diversos factores, como la peristalsis, la bilis y las enzimas, el ácido gástrico y la inmunidad de la mucosa. Este equilibrio puede verse comprometido por varios factores3:

– Motilidad intestinal alterada: problemas en el movimiento del intestino delgado, como obstrucciones, desórdenes musculares o una peristalsis reducida, pueden impedir el tránsito adecuado de alimentos y bacterias, favoreciendo su acumulación y proliferación.

– Anomalías anatómicas o cirugías: procedimientos como el bypass gástrico, que modifican la estructura del intestino delgado, pueden interrumpir el flujo natural del contenido digestivo, facilitando la acumulación de bacterias.

– Ácido estomacal insuficiente: bajos niveles de ácido gástrico disminuyen la capacidad del cuerpo para eliminar bacterias ingeridas.

– Producción inadecuada de bilis y enzimas: elementos cruciales para la digestión y el control bacteriano; su déficit contribuye al sobrecrecimiento bacteriano.

– Inmunidad mucosal debilitada: una barrera intestinal comprometida facilita el crecimiento descontrolado de bacterias.

– Condiciones médicas subyacentes: enfermedades como la esclerosis sistémica y la enfermedad de Behçet afectan la motilidad intestinal y aumentan el riesgo de SIBO.

Estos mecanismos, en conjunto, crean un entorno que limita la colonización bacteriana y asegura una microbiota equilibrada en el intestino delgado. Cuando estos factores se ven afectados por diversas condiciones, puede producirse un desequilibrio que contribuya al desarrollo de problemas como el SIBO.

¿Cómo se detecta el SIBO?

Diagnosticar el SIBO no es sencillo porque no hay métodos completamente precisos y a menudo se realizan diagnósticos incompletos. El método más confiable es analizar directamente una muestra del intestino delgado, pero este procedimiento es invasivo y no se usa mucho. Por eso, se prefieren pruebas más simples, como las de aliento con glucosa o lactulosa, que son más accesibles. El SIBO suele ser consecuencia de otros problemas de salud, lo que dificulta detectarlo correctamente, aunque cada vez se diagnostican más casos. Para tratarlo, es importante basarse en estudios científicos y ajustar el tratamiento a cada persona.

Sin embargo, el método más utilizado para diagnosticar SIBO es la prueba de aliento con lactulosa (LBT). Esta prueba no invasiva mide los gases que producen las bacterias en el intestino al fermentar carbohidratos. El paciente debe ayunar por 12 horas y, tras ingerir una solución de lactulosa, se recogen muestras de aliento a intervalos regulares para medir los niveles de hidrógeno y metano​.

¿Cómo se quita el SIBO?

La estrategia de tratamiento de SIBO es multifacética e incluye:

  1. Antibióticos: medicamentos como la Rifaximina se recetan comúnmente debido a su acción localizada en el intestino, reduciendo el riesgo de resistencia bacteriana​.
  2. Modificaciones dietéticas: dietas como la baja en FODMAP ayudan a reducir los síntomas al limitar los carbohidratos fermentables que alimentan las bacterias​.
  3. Tratamiento de causas subyacentes: es esencial identificar y tratar las condiciones que contribuyen al SIBO, como los trastornos de motilidad​.
  4. Suplementos y alimentos de apoyo: incorporar alimentos fáciles de digerir y ricos en nutrientes, como el caldo de huesos, puede fortalecer la salud intestinal​.

 

Si el SIBO no se trata a tiempo, los síntomas pueden intensificarse y la inflamación derivar en serias complicaciones, afectando no solo la salud intestinal, sino también otras áreas del organismo.

Alimentos que ayudan o perjudican el sobrecrecimiento bacteriano

Mantener un intestino en buen estado requiere una dieta balanceada rica en fibra, prebióticos y probióticos, controlar el estrés, descansar lo suficiente, una correcta hidratación y evitar el uso innecesario de antibióticos o medicamentos que puedan alterar la microbiota (laxantes, antidepresivos, antibióticos). Un intestino bien cuidado tiene un impacto positivo en la salud y calidad de vida general3.

Los pacientes con SIBO producen hidrógeno debido a la fermentación de los carbohidratos consumidos en la dieta. La dieta puede desempeñar un papel clave en la modificación del microbioma del intestino delgado en pacientes con SIBO. Dado que nuestros hábitos alimentarios tienen un importante impacto en nuestro ecosistema intestinal, resulta interesante conocer el impacto que tienen los diferentes tipos de dietas. Además, algunos pacientes intentan modificar de forma autónoma su dieta habitual, excluyendo alimentos que causan síntomas, lo que provoca deficiencias nutricionales y energéticas. Por tanto, se sabe que diferentes hábitos nutricionales pueden modificar la microbiota provocando beneficios o síntomas4.

Recomendaciones nutricionales para pacientes con SIBO

1. Alimentos recomendados

  • Proteínas magras:
    pollo, pescado, huevos, pavo. Son fáciles de digerir y no fermentan en el intestino.
  • Vegetales bajos en carbohidratos fermentables:
    calabacín, espinacas, zanahorias, pimientos y berenjenas.
  • Frutas bajas en carbohidratos fermentables:
    fresas, arándanos, melón y naranjas.
  • Carbohidratos permitidos:
    arroz blanco, patatas, avena sin gluten.
  • Aceites saludables:
    aceite de oliva y de coco.

2. Alimentos a evitar

  • Alimentos ricos en carbohidratos fermentables o FODMAPs:
    ajo, cebolla, coliflor, brócoli, espárragos y legumbres como lentejas y frijoles.
  • Lácteos con lactosa:
    leche, yogures tradicionales, quesos blandos.
  • Edulcorantes artificiales:
    sorbitol, manitol y otros polioles.
  • Bebidas carbonatadas y alcohol.
  • Alimentos ultraprocesados:
    embutidos, alimentos fritos o con conservantes.

3. Estrategias alimentarias

  • Comidas pequeñas y frecuentes:
    realizar 4–5 comidas al día para evitar la acumulación de gas y la presión en el intestino delgado.
  • Evitar comer antes de acostarse:
    dejar pasar al menos 2–3 horas entre la última comida y el sueño para mejorar el vaciamiento gástrico.
  • Control del tamaño de las porciones:
    mantener las raciones moderadas para reducir la fermentación bacteriana.

4. Hidratación y suplementación

  • Agua:
    mantener una hidratación adecuada, evitando bebidas azucaradas o gaseosas.
  • Vitaminas y minerales:
    en casos de malabsorción, podría ser necesario suplementar con vitamina B12, vitamina D, hierro y calcio, según indicación médica.

5. Alimentos para prevenir el desarrollo de SIBO

Mantener una dieta adecuada puede ayudar a prevenir el desarrollo de SIBO y promover la salud intestinal. 

  • Fibra soluble en pequeñas cantidades:
    este tipo de fibra, presente en alimentos como avena, frutas y legumbres, absorbe agua formando una sustancia similar a un gel que mejora la digestión. El Psyllium, un suplemento de fibra natural, es especialmente útil porque favorece la motilidad intestinal, ayudando a mantener un flujo saludable de alimentos y bacterias en el intestino. Es importante empezar con pequeñas dosis para evitar molestias como gases o hinchazón.
  • Probióticos selectivos:
    los probióticos son bacterias «buenas» que pueden apoyar el equilibrio de la microbiota intestinal. Sin embargo, no todas las cepas son adecuadas para personas con SIBO, ya que algunas pueden empeorar los síntomas. Por eso, su uso debe ser supervisado por un médico o nutricionista, quien puede recomendar productos específicos adaptados a tus necesidades.
  • Dieta baja en FODMAPs:
    esta dieta consiste en limitar alimentos ricos en carbohidratos fermentables, como cebolla, ajo, trigo, manzanas y lácteos. Estos alimentos tienden a causar hinchazón, gases y malestar en personas con sensibilidad digestiva. En su lugar, puedes optar por alimentos más fáciles de digerir, como plátanos verdes, arroz, calabacines, zanahorias y carnes magras. Implementar una dieta baja en FODMAPs requiere planificación, pero con la orientación adecuada, puede ser una herramienta efectiva para aliviar los síntomas relacionados con SIBO.

Lo más importante es siempre consultar a un profesional de la salud antes de realizar cambios importantes en tu dieta, especialmente si tienes síntomas persistentes o una condición diagnosticada como SIBO. La supervisión médica es esencial para asegurarte de que estás recibiendo el tratamiento adecuado y evitando deficiencias nutricionales. 

6. Otras consideraciones

  • En casos severos, bajo supervisión médica, considerar una dieta elemental para limitar los nutrientes disponibles para las bacterias.
  • Monitorear los síntomas con un diario alimentario para identificar posibles desencadenantes individuales.

 

Estas recomendaciones están basadas en la evidencia actual sobre SIBO y su relación con la dieta, incluyendo el impacto de las dietas bajas en FODMAPs y los estudios sobre suplementación y probióticos4,5.

Para mantener una salud intestinal óptima, es crucial atender cualquier síntoma que pueda estar relacionado con el SIBO o desequilibrios en la microbiota. Consultar a un especialista en gastroenterología y realizar pruebas diagnósticas, como las pruebas de aliento o análisis especializados, puede marcar la diferencia en tu bienestar. Contar con un seguro de salud adecuado facilita este proceso, brindándote acceso a diagnósticos y tratamientos de forma más sencilla y económica. No dejes que los síntomas afecten tu calidad de vida: agenda una consulta médica y comienza a tomar el control de tu salud intestinal hoy mismo. ¡Tu bienestar lo vale!

Referencias

  1. Losurdo, G., D’Abramo, F. S., Indellicati, G., Lillo, C., Ierardi, E., & Di Leo, A. (2020). The influence of small intestinal bacterial overgrowth in digestive and extra-intestinal disorders. International Journal of Molecular Sciences, 21(10), 3531. https://doi.org/10.3390/ijms21103531
  2. Wielgosz-Grochowska, J. P., Domanski, N., & Drywień, M. E. (2024). Identification of SIBO subtypes along with nutritional status and diet as key elements of SIBO therapy. International Journal of Molecular Sciences, 25(13), 7341. https://doi.org/10.3390/ijms25137341
  3. Elizabeth C. Hersko. (2024). SIBO and the Effectiveness of Treatment via Diet and Medication. The Science Journal of the Lander College of Arts and Sciences, 17(2), 37-42. Retrieved from https://touroscholar.touro.edu/sjlcas/vol17/iss2/7
  4. Ignacio Requena Saavedra. (2022). Abordaje nutricional en pacientes con SIBO: Revisión bibliográfica sistemática [Trabajo de fin de grado, Universidad de Córdoba]. Repositorio institucional de la Universidad de Córdoba.
  5. Vara Kdira, M. de los Ángeles. (2024). Revisión sobre el efecto de las diferentes intervenciones nutricionales en la reducción de los síntomas gastrointestinales en pacientes con sospecha de SIBO [Trabajo de fin de grado, Universidad de Valladolid]. Repositorio institucional de la Universidad de Valladolid.
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